El fenómeno del shaheed —el mártir que muere por “la causa” o por la fe— constituye uno de los ejemplos más potentes en los que lo sagrado y lo corporal se fusionan para producir efectos políticos, sociales y emocionales. Organizaciones como Hamás, Hezbolá y los Hermanos Musulmanes han desarrollado un sistema complejo donde el cuerpo muerto se convierte en símbolo, arma y recurso político. Esto permite observar, tal como propone Foucault, cómo funcionan simultáneamente las tecnologías del yo y las tecnologías de poder (Foucault, 1988).
En estas organizaciones, la figura del mártir se sostiene sobre un marco teológico donde la muerte en combate, atentado o resistencia es reinterpretada como una victoria espiritual que garantiza el acceso al paraíso (Jannah) (Cook, 2007). Esta creencia no opera sólo como doctrina religiosa, también como una tecnología del yo, ya que trabaja sobre la subjetividad del combatiente, moldeando su percepción del cuerpo y de la vida.
El individuo internaliza que su cuerpo no es un bien para preservar, mas bien se ve como una llave sagrada hacia la trascendencia.
Es por ello que la corporalidad ocupa un lugar central. El cuerpo muerto del mártir no es simplemente un cadáver, también es un objeto material cargado de significado performativo (Allen, 2019). Su exposición pública, su fotografía y su funeral masivo cumplen funciones precisas: Legitimar la causa de la resistencia, generar cohesión comunitaria, producir emoción colectiva y crear nuevos voluntarios.
Aquí el cuerpo se vuelve materia política, es decir, es al mismo tiempo prueba del sacrificio y combustible emocional para sostener la lucha armada.
Hamás, Hezbolá y, en un plano ideológico, los Hermanos Musulmanes, utilizan el martirio como una tecnología de poder.
No se limitan a “tener” mártires: los producen, gestionan y utilizan mediante estrategias sofisticadas.
Entre estas tecnologías destacan:
a) Propaganda visual
Carteles, murales, pósteres, videos musicales y redes sociales convierten el rostro del mártir en un ícono político (Saad-Ghorayeb, 2002).
La imagen del mártir opera como afiche y como arma: una presencia pública destinada a movilizar.
b) Funerales masivos como mítines
Los funerales son cuidadosamente organizados para ser actos políticos.
El cuerpo es llevado en procesión, a veces envuelto en banderas, acompañado de cánticos y discursos.
En este ritual, el cuerpo muerto se convierte en una tecnología performativa de producción emocional (Milton-Edwards & Farrell, 2010).
c) La economía del martirio
Varios Estados —especialmente Irán para Hezbolá y Hamás— han financiado y sostenido estas redes, convirtiendo el martirio en un sistema político transnacional (Byman, 2011).
Esto demuestra que el mártir no es solo un producto ideológico, sino un activo geopolítico.
Así los combatientes internalizan la narrativa del martirio mediante: Adoctrinamiento religioso, educación comunitaria, discursos de resistencia y promoción constante de ejemplos heroicos.
Esta internalización produce lo que Foucault llama un trabajo sobre sí mismo, donde la persona se convierte en un sujeto dispuesto a morir voluntariamente (Foucault, 1988).
El cuerpo ya no es cuerpo: es arma, proyecto, misión y ofrenda.
Una vez ocurrido esto, podemos darnos cuenta que la clave del fenómeno es la materialización del cuerpo, ya que el cuerpo muerto deja de ser físico para transformarse en símbolo político, religioso y emocional. Cuando hablamos de símbolo político en este contexto nos referimos a que es reproducido en: Murales urbanos, pósteres callejeros, videos conmemorativos, canciones heroicas, redes sociales y museos del martirio.
De esta forma, el cuerpo del mártir se convierte en un recurso que articula lo sagrado y lo corporal mediante dispositivos de poder.
Podemos concluir que el culto al shaheed es un ejemplo paradigmático del entrelazamiento entre tecnologías del yo y tecnologías de poder. Lo sagrado (la promesa del paraíso), lo corporal (el cuerpo muerto) y lo político (la propaganda) convergen en una práctica que transforma la muerte en capital simbólico y estrategia de movilización.
A través del control del significado del cuerpo, estas organizaciones convierten la espiritualidad en acción política y al individuo en instrumento. Por ello, estudiar el cuerpo mártir permite entender cómo lo religioso no solo interpreta la realidad, sino que produce cuerpos, emociones y estructuras de poder.
Referencias:

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